El valor económico del español

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valor econmico-foto-editEstamos sentados en una mina de oro y no nos damos cuenta.  Por el mero hecho de ser puertorriqueños y, por tanto, de ser hablantes nativos del español (en un 96%, según el último censo), tenemos a nuestro alcance un mundo de posibilidades comerciales sobre el que podríamos construir una industria poderosa.

Ciertamente el inglés es hoy la lingua franca universal, y nadie en su sano juicio se opondría a que los niños lo aprendieran.  Pero identificarlo como la única “puerta al progreso” pasa por alto el hecho de que el español es hoy una lengua de gran importancia internacional y grandes posibilidades comerciales. 

Pertenecemos a una comunidad de 495 millones de hispanohablantes.  De esos, 425 millones son nativohablantes –lo que hace del español la segunda lengua materna más hablada, después del chino– y 70 millones tienen el español como lengua extranjera.  En Estados Unidos, el español es una segunda lengua pujante, con unos 50 millones de hablantes.  Y en Internet, ese universo paralelo, es la tercera lengua más usada, con 163 millones.  (Ojo: el programa Siri de IPhone acaba de presentar su versión en español).

El español es, además, la tercera lengua más estudiada como lengua extranjera, después del inglés y el francés.  El Instituto Cervantes estima que hay unos 18 millones de estudiantes de español como lengua extranjera.  ¿Cuántos de ellos están aquí, estudiando español?  ¿Hemos exhortado a los seis millones de estadounidenses que quieren aprender español: “Come learn Spanish in beautiful Puerto Rico”?

Tras seis años de investigación, la Fundación Telefónica (de España) publicó un estudio titulado “El valor económico del español”, con el objetivo de proyectar la importancia del español mediante su cuantificación económica.  El punto de partida de este estudio –y del nuevo campo de investigación llamado “Economía del lenguaje”– es el principio que considera la lengua como un recurso económico, o sea, como un activo que aporta valor a la actividad económica.  Esto ocurre por medio de las industrias que tienen el español como “producto” o “servicio” (escuelas de idiomas, traducción), de las industrias que usan el español como soporte para la comunicación o la creación (editoriales, telecomunicaciones) y de las transacciones comerciales facilitadas mediante una lengua compartida por los agentes (que establece “cercanía psicológica” entre las partes).

España lo tiene muy claro.  En 2009, se calculó en 15 % del Producto Interno Bruto (PIB) el valor del español incorporado en los bienes y servicios producidos anualmente.  En 2007, el sector de “turismo idiomático” incluyó 237,000 estudiantes de español como segunda lengua, que gastaron un total de 462.5 millones (176.5 millones en escuelas de español).   

El español es un activo cultural importante, que cohesiona nuestra identidad como puertorriqueños y como hispanohablantes, y nos da acceso directo a un acervo cultural impresionante.  Este punto se ha defendido bien, históricamente y en debates recientes.  Es hora de que reconozcamos el valor económico y operacional de este afortunado legado que hemos recibido.

(Publicado en la sección Voces de El Nuevo Día, el 12 de julio de 2012)