Chile no es fome

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Acababa de llegar a Santiago. Iba al V Congreso Internacional de la Lengua Española, que se celebraría del 2 al 5 de marzo en Valparaíso, y a visitar a queridos amigos, chilenos y puertorriqueños.Bandera Chilena -foto-edit

Del aeropuerto fuimos a un restaurante, a celebrar el cumpleaños de la novia de mi anfitrión, y mi llegada. Fluyeron el pisco, los mariscos chilenos y la camaradería puertorriqueña-ecuatoriana-chilena-estadounidense del grupo. De vuelta en el “departamento”, y tras una última plática eufórica, nos acostamos. Eran las 2:00 a. m.

A las 3:34 a.m., me despertaron los golpes de la pared contra mi cama. Pensé que mis amigos continuaban la celebración en su cuarto, contiguo al mío... pero los golpes crecían en intensidad, y mi cama se movía sola, alfrente y atrás y arriba y abajo, cada vez más fuerte y más rápido. Abrí los ojos y me sentí en un espacio poseído: la cama brincaba y las paredes ya no formaban angulos rectos, sino formas fluidas.

Salté de la cama y fue difícil tenerme en pie. Di manotazos en la puerta de Cinthia y Heri, y ellos salieron, llenos de horror. ¿Qué hacer, si era un piso 10 y no podíamos ni caminar? “El marco de la puerta”, la obsoleta enseñanza antisísmica: allí nos encuadramos, los tres abrazados, durante dos minutos eternos, mientras el espacio alrededor rugía sacudiéndose en todas direcciones. Éramos absolutamente impotentes. “No puede ser este el final”, rugía por dentro yo, “no puede ser que aquí acabe todo, no puede ser una muerte sin sentido, NO PUEDE SER”. Y no fue, pero pudo haber sido.

Por eso dedico esta columna a Chile, y a los millones que compartieron esos minutos de terror, y los difíciles minutos y horas y días subsiguientes, y a los que no están ya para contarlo. Y miro las palabras que usamos –tan frustradamente– para describirlo.

“Terror” es una palabra irónicamente apropiada, pues está vinculada a “temblor” y a “tierra”. Podría venir del indoeuropeo “tre-”, ´temblar´, que también dio “trémulo”, “estremecerse” y “tremendo”. “Aterrar” primero significó ´derribar´ (de “a” + “tierra”), luego ´abatir ´ y finalmente ´aterrorizar´. Actualmente conviven “aterrar” y “aterrorizar”, y “aterrador” y “terrorífico”. “Terrible” es derivado de “terror”.

“Terremoto” viene del latín “terrae motus”, o ´movimiento de la tierra´. El movimiento igualmente se llamó “telúrico”, del latín “telus”, ´tierra, globo terráqueo´. El “sismo” de América y el “seísmo” de España vienen del griego “seismos”, ´temblor del tierra´, y este de “seiein”, ´sacudir´.

“Solidaridad” es palabra del siglo XIX. Hemos visto su referente concreto después del terremoto, tanto dentro como fuera de Chile. Llega del francés “solidarité”, del latín “sólidum”, ´suma o número total´, de “solidus”, ´sólido´. Es familia de “soldado”, figura que en Chile constituyó pieza clave para mantener el orden dentro del caos.  

Finalmente, “gratitud”... a todos los amigos de allá y acá, a la familia, al país, a la vida. Viene del latín “gratus”, ´agradecido´, que es realmente lo único que se puede ser.

Me dijeron que Chile era “fome”, que en español chileno significa ´aburrido´. En otra ocasión escribiré del español de Chile, pero por ahora doy fe de lo contrario: Chile es un pueblo que camina erguido cuando la tierra tiembla...y que extiende su mano para levantarte.